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10.15.2012

Mourinho, Cristiano Ronaldo y Pelé: los anti Messi


Mientras el argentino sigue rompiendo récords y agigantando su estela, tres grandes figuras se desesperan y hacen reír con su sucesión de divagues y derrapes. Cuando se les cruza Leo, se nublan. Mourinho tiene la paciencia de Moe (y también sus piquetes de ojo). Cristiano Ronaldo enloquece como Curly. y a la hora de declarar, Pelé muestra toda la sapiencia de Larry. La metamorfosis de tres genios del fútbol en tres genios del buen humor. Son los anti-Messi, El trío más gracioso del fútbol.

En su autobiografía Serious, John McEnroe aborda un tema que para muchos analistas fue fundamental en su carrera: su personalidad. Sin embargo, lejos de atribuirles sus títulos a ese incontrolable volcán interior que todos le conocimos, el tenista admite que cada vez que se dejaba llevar por los nervios, bajaba su rendimiento.

McEnroe no habla del miedo a perder, sino del pánico a perder. Sus triunfos (siete Grand Slams) nunca fueron de alegría, sino de alivio. 

Si un adversario lo ponía en una situación comprometida que lo hacía dudar de sí mismo, explotaba y no podía controlarse. Por eso reaccionaba como reaccionaba. No ganaba gracias a su carácter, sino a pesar de su carácter. Muchos aún se preguntan cuántos títulos más habría ganado si hubiera domado su mente. La vara que se autoimponía era altísima, tan alta que le provocaba esa sensación de explosión permanente. 

En el fútbol moderno puede haber muchos personajes que tengan miedo, pánico o terror a la derrota. Pero pocos que lo dejen tan en evidencia como Cristiano Ronaldo, Mourinho y Pelé. Un futbolista, un director técnico y una vieja gloria mundial, súbitamente amenazados por las conquistas incesantes de Lionel Messi. 

Analizados por separado, sus méritos son impresionantes. Pero cuando llega la contextualización, en los últimos años siempre aparece la sombra de Messi. La vara, altísima, en este caso no es imaginaria, sino una realidad que ninguno puede controlar. Para tres ganadores patológicos como los citados, Messi no está hecho de carne y hueso, sino de criptonita pura y dura. A Messi lo padecen, lo sufren hasta la desesperación y el hartazgo. 

Cuando el jugador argentino aparece en escena (y está casi siempre en escena), Mourinho, Pelé y Cristiano se convierten en un trío humorístico. Sacan la peor versión de sí mismos. Cada uno a su modo, pero los tres pierden el control. Y generan risa. 

Los goles de Leo los sacan de quicio y les hacen perder el juicio. El resultado es diversión garantizada. Por momentos parecen dignos de un sketch.

CURLY CRISTIANO 

Si una cosa hay que destacar de Cristiano Ronaldo es que pocos jugadores podrían haber tolerado la presión con la que llegó al Real Madrid. Era él la única salvación posible para un club que estaba seriamente amenazado por un proyecto mucho más sólido, el del Barcelona y su cantera, y con un equipo que florecía en el campo hasta lograr admiración global.

Ronaldo llegó de la mano de Florentino Pérez y Valdano para convertirse en el ícono del madridismo dentro y fuera de la cancha. La esperanza de luchar mano a mano contra el mejor equipo de siempre. Con un promedio de casi un gol por partido desde entonces, la reacción del portugués fue extraordinaria. Si el Madrid puede ser una picadora de carne, Ronaldo hizo trizas a la picadora. Pero él, más que ninguno, sabe que llegó para ser el Anti Messi. Y oficia de Anti Messi, con los problemas que ello implica. Si no existiera la comparación, no existiría el Cristiano que descubrimos a partir de 2009, cuando comenzó la sucesión de Balones de Oro ganados por Lionel. 

“Ronaldo: el eterno segundo”, fue el título que usó el suplemento ExtraTime de La Gazzetta dello Sport a principios de este año. No somos nosotros. No es la prensa catalana. Es todo el mundo. Nunca se habría dado un debate así en el mejor momento de Zidane, Kaká o de Ronaldinho. La personalidad de Ronaldo, la evidente materialización de su padecimiento, habilitan a esa comparación. 

“Me silban porque soy rico, guapo y bueno y me envidian”, declaró a fines de 2011 un venenoso CR7. También dijo: “Si Dios no agradó a todo el mundo, ¿cómo voy a lograrlo yo?”. Con un número extraordinario de goles, el récord del Pichichi de 2011 (40) le duró menos de un año. Aunque superó su increíble cifra en la temporada siguiente (46), Messi se la pulverizó y llegó a 50 goles en 37 partidos. En cifras fue el mejor año de Ronaldo, que evidentemente también se potencia en esta lucha con Messi. Pero no le alcanza para superarlo. A cualquier otro le bastaría. A él, no. 

A Cristiano ya no se le ve disfrutar en la cancha. Lo suyo es una sucesión permanente de muecas, con pausas de descarga en cada gol. Ronaldo ya no sonríe, sino que celebra los campeonatos haciendo cortes de mangas. Tiene el rótulo de jugador más caro de la historia, pero Messi le sube la apuesta como el único jugador sin precio de todos los tiempos. 

Cristiano sabe que necesitaría tres o cuatro temporadas de hat-tricks contra el Barcelona para superar el registro de Messi de goles en los clásicos. Eso si Messi no mantuviera su status de verdugo permanente de Casillas.

Para alguien de ambición sin límites como CR7, superprofesional focalizado en la superación constante, cada triunfo de Leo es una puñalada. 

Dijo Ronaldo en noviembre de 2011: “El Botín de Oro europeo no depende de los votos de nadie. El Balón de Oro son votos y este premio son goles”. Resultado: Messi bate todos los récords de goles en la siguiente temporada, supera los 67 de Gerd Müller a nivel europeo y llega a un Pichichi irracional de 50. Cada frase con cierto picor contra Messi se le vuelve un boomerang.

El mundo del fútbol ya lo sabe. Por eso, las burlas para Cristiano son casi como sus groupies: lo siguen a todas las canchas donde juegue, con la camiseta del Real Madrid, con la de Portugal y poco menos que con la de Castrol. Falta que a Messi se le ocurra auspiciar el combustible del explorador Curiosity para hacerlo entrar en un ataque de caspa (ámbito en el que también se le animó a hacerle frente a nivel publicitario).

A Ronaldo lo cargan en España. Se le ríen en Croacia. Lo ridiculizan los daneses en Polonia. Y cae. Cae como un chorlito: “A esta altura, Argentina ya estaba eliminada en la Copa América”, declara durante la Euro, molesto con Messi. Y con esa estadística que seguramente le taladra el cerebro sin que nadie se la diga: sólo 5 goles en 21 partidos con Portugal, incluidos uno a Corea del Norte y otro a Irán. Qué culpa tendrá Messi de eso… 

La classe non è acqua, dicen en Italia. La clase no es agua. Ronaldo no se propone ser el número uno en clase, porque para eso están los genios publicitarios, que aplican photoshop a su personalidad. Le atenúan la petulancia y renderizan sus virtudes. 

Llegará el momento en que lo veamos con asistentes de cámaras dentro de la cancha. A su escudería de marketing y a él mismo deben dolerles esa foto en la que queda de rodillas, detrás de Messi, que para colmo está haciéndole un gol más a Casillas. Dominador y dominado. Una postal alegórica de una era. 
Hay pocas cosas que a Cristiano lo sacan del libreto. La más fácil es cantarle “Messi” cada vez que toca la pelota. No ha fallado nunca. Le muestran el puño cerrado a la altura de la cintura, él le pega y el brazo contrario hace una parábola que termina dándole en su propia cabeza. Clásico.

“No los escucho”, mintió Ronaldo en la revista Champions. “Hasta se llegó a decir que yo podía estar irritado al punto de querer dejar el fútbol español. Eso jamás se me pasó por la cabeza”, amplió sobre el tema de los cantitos. 

¿Qué pasaría al revés? ¿Qué sucedería si a Messi comienzan a gritarle por Cristiano en una cancha? La respuesta es muy fácil: nada. Por algo, ninguna hinchada intentó replicar el libreto anti CR7 con Leo. Messi no reaccionaría igual ante el público y mucho menos la emprendería contra Cristiano ante los micrófonos. 
Hay un tema de fondo que no se remite tan solo a la lucha contemporánea de dominación mundial. Y es que mientras el debate con Messi pasa por saber si ya superó a Maradona, si es mejor que Pelé o si en todo caso es el número de siempre, el único debate que se despliega alrededor de Cristiano Ronaldo gira siempre alrededor de Messi. Ni Pelé ni Maradona. Leo. Ser un satélite en la órbita de Messi es el karma que enloquece a CR7. 

Este año no asistió a la entrega del Balón de Oro. Debía jugar con el Real Madrid al día siguiente. ¿No hubiera ido si sabía que lo ganaba él? ¿O prefirió que no quedara inmortalizada su cara en el momento en que anunciaran a Messi como ganador, como sucedió en 2009?

El efecto Messi produce en Cristiano Ronaldo una sensación de ansiedad permanente. Sus partidos –los suyos más que los del Madrid– parecen ser una carrera desenfrenada contra el tiempo. A veces (bastante menos en la última temporada) hasta pasándoles por arriba a sus propios compañeros. 

No es por arrogancia, juran los que lo conocen, sino por la necesidad irrefrenable de estar a la altura de sus expectativas. De esa bendita vara que él mismo sitúa cada vez más arriba. En ese trajín, se ven las protestas a los árbitros, las actuaciones en el campo, la expresividad de un rostro que cambia el peinado pero nunca la tensión. Lo dejó claro en Champions: “En mi cabeza, siempre estoy pensando: ‘Cristiano, no has ganado nada’. Y quiero seguir así”.

Quizás el problema radique en su cabeza. Esa vocecita que le miente y que le asegura que él no ha ganado nada, como para mantenerse alerta, quizás es la misma que le dice que Messi sí lo ganó, o lo ganará, o lo está ganando. Y pierde la compostura. Le deben dar ganas de palmearse repetidamente la nuca. Y quizás lo veamos en un gesto así durante esta temporada. Es cuestión de esperar. El catálogo gestual de CR7 es tan rico como el de Curly. 

LARRY PELE

“Están hablando de que Messi puede ser el mejor de todos los tiempos, pero para eso, primero tiene que ser mejor que Neymar”.

Sin perderle el respeto por el jugador que fue, al brasileño cada vez cuesta respetarlo más por el crítico de fútbol que es. El ego lo deja ciego. Lo hace derrapar el miedo a que la polémica con Maradona quede en segundo plano -tal como ironizó el propio Diego- porque Messi termine de convertirse en el número uno inobjetable. Y el Mundial 2014, en casa, a Pelé también lo hace transpirar, porque un triunfo argentino guiado por Messi amplificaría los méritos de Leo a niveles exponenciales e inalcanzables. 

“Cuando Messi haya marcado 1.283 goles como Pelé, y haya ganado tres Copas del Mundo como Pelé, entonces ahí podremos hablar”, dijo el brasileño en una entrevista con Le Monde. 

Las proyecciones de la revista brasileña Placar son menos convincentes que la seguridad del viejo número 10. Según un análisis estadístico muy interesante, Messi llegará a la misma cifra de goles del brasileño si se retirara a los 37 años como él. Hasta mayo, los números comparativos eran favorables a Pelé: 1,28 goles por partido contra 0,68 de Messi, con una incidencia porcentual mayor respecto de la media de goles que se marcaban en la época: en el Santos (1957-1965) había 3,41 goles de promedio hasta los 24 años y 10 meses de Pelé (incidencia del 38,4%); en el Barcelona (2004-2012) hubo 2,64 goles de promedio hasta los 24 años y 10 meses de Messi (incidencia del 28,8%).

A nivel de clubes, Messi ya supera ampliamente al brasileño. Le falta sólo confirmarlo con la camiseta nacional. 

La evolución de los goles del argentino también provoca atención: Pelé tuvo altibajos y comenzó su declive natural en 1965, pero Messi por ahora sigue en escalada. 

“Sin tener mil goles ni tres Mundiales, Messi superará a Pelé. Así como Michael Jordan no fue el mayor anotador en la NBA ni el jugador más campeón, ‘apenas’ fue el mejor basquetbolista de toda la historia’”, graficó el periodista brasileño Mauro Cezar Pereira, de ESPN. 

“Vamos a ver si Neymar tiene el mismo rendimiento en la selección que en el Santos. Que no le pase lo mismo que a Messi, que en la Selección Argentina no ha jugado”, dijo Pelé en plena obtención de la Libertadores del Santos.

En Brasil nadie pierde tiempo en la comparación Messi-Neymar (que con respeto ha siempre mostrado su admiración por Leo). Que Pelé lo haya situado en el medio suena más a esas estrategias de Fórmula 1 en la que el auto menos rápido del equipo tiene que oficiar de tapón contra el más rápido del rival. Messi viene a toda velocidad y Pelé tiene miedo. 

“Me gusta Messi, es un muy buen jugador. Técnicamente hablando, estamos prácticamente en el mismo nivel. Juega bien para el Barcelona, pero cuando juega para Argentina no es el mismo”, aseguró sin explicar quién estaba prácticamente al mismo nivel de quién. Pero luego volvió a barajar sus palabras y volvió a rozar el ridículo: "Primero tiene que saber hacer goles de cabeza con cierta asiduidad. Hay jugadores como Messi, que es más centrocampista y se ha reconvertido en generador de juego, además de en finalizador. Y que conste que yo no tiraba los penales. Lo más importante es que el jugador sea completo. Con la derecha, con la izquierda, con la cabeza. Ese es el problema de Messi. El no es completo".

El mes pasado intentó minimizarlo de nuevo, en una entrevista a La Repubblica: “Al igual que Maradona, Messi maneja sólo la pierna izquierda. Maradona no era muy fuerte en el juego aéreo. Messi es más o menos una copia de él. Neymar puede ser más fuerte que los dos. Tiene las cualidades. Los argentinos se molestan cuando hablo de esto”.

En el último Balón de Oro, fue Pelé el que le entregó una distinción a Messi y luego aprovechó para abrazarlo efusivamente en las fotos. En el aeropuerto de Zurich ya había vuelto a la normalidad. Da la impresión de que el brasileño dice lo que piensa solamente cuando no tiene el escudo de la FIFA o el saco rojo de las publicidades puesto (o sea, pocas veces). Y si se sintió amenazado por sus compatriotas Romario y Ronaldo, imaginen lo que le provoca Messi.

En esta sucesión de frases con tufillo egocéntrico, Pelé también situó a Zidane por encima de Messi y, tocado por la declaración de que nunca lo había visto jugar, prometió mandarle el video Pelé Eterno. En blanco y negro y hecho en familia, como los Tres Chiflados. El papel que le quedó en el fútbol es el de bufón. Ya nadie se toma en serio a Pelé.

MOE MOURINHO

Al técnico portugués hay que reconocerle una cosa: es el más grande entertainer del fútbol moderno. Es difícil tomarlo en serio, extraerlo del personaje que él creó. Sumergido en la polémica, lo suyo es una constante guerra de guerrillas de la que siempre intenta sacar algún provecho. Sus rivales mutan, pero desde el día que se le cruzó el joven Messi, en el famoso partido contra el Chelsea (el de la patada de Del Horno), Lionel ha sido uno de sus enemigos. 

En cada conferencia de prensa, es Mourinho contra el resto del mundo. No sorprenderá que algún día, junto a los grabadores, alguien haya dejado olvidadas cien tortas rellenas de crema. Una guerra de tortazos sería un buen cierre para las disparatadas conferencias de Mourinho. 

“Los 50 goles de Messi en la Liga no sirven para nada”, espetó Mou cuando puso en agenda su nueva Cruzada: que Messi no se quede con cuatro Balones de Oro consecutivos. Fue en mayo. Faltaba más de un semestre para el premio. “Los goles de Cristiano han valido un título, y si este año hay justicia, tiene que ser elegido el mejor del mundo”, continuó Mou. “Messi no debe ganar el Balón de Oro porque no puede ganarlo un jugador que no ha ganado nada a nivel colectivo”. Ganar, ganar y ganar. Tres veces en la misma oración. ¿Quién otro si no Mourinho?

Allá por 2010, el técnico había dejado en claro que sus palabras iban a estar viciadas por un mero sentido de pertenencia: “Discutir sobre Ronaldo y Messi es como discutir sobre Aston Martin y Ferrari. Son los dos mejores. ¿Cuál es el mejor? El mejor para mí es el que tengo yo”. El problema es que en su garage, Mourinho tiene un Aston Martin y una Ferrari. Pero en el Real Madrid, tiene a uno de los dos. El que le falta, entonces, pasa a ser chatarra. 

En su Real Madrid impera la lógica del Coliseo: con él sólo vale el comportamiento visceral. Quien se atreva a intentar cuestionar las bases del sistema establecido tiene el destino sellado: o se lo devoran las fieras o, si sobrevive, le baja el pulgar el emperador por clamor popular. El emperador es Mou. El clamor popular es la locura que él mismo ayudó a instalar. En un estadio que en su momento aplaudió a Ronaldinho, hoy la consigna es negar a Messi. Admitir la superioridad de Messi equivale a atacar a Ronaldo. Fanatismo pero no del bueno, porque no hay espacio para debatir virtudes y defectos, proyectar rendimientos e impacto a nivel vestuario, equipo o club. La lógica de Mourinho lo único que admite es la destrucción del rival. Y los rivales de turno son Messi y el Barcelona, ahora que Guardiola quedó temporalmente de lado.

Veamos el caso testigo de Casillas. En una entrevista, el arquero se atrevió a una tímida reflexión: “Yo no me puedo decantar por ninguno”. Hablaba del duelo Ronaldo-Messi. “Son los dos mejores. Si tuviera que elegir a uno, sería Cristiano, porque lo tengo en mi equipo y lo conozco más. A Messi lo tengo que sufrir siempre”. 

Para colmo, también ubicó a Luis Enrique y a Guardiola dentro de una larguísima lista de referentes. Antes, había admitido disculparse con Xavi y Puyol por una escena de nervios de las que ya se hicieron clásicas del Real Madrid-Barcelona, lo que también le valió un reto.

La conclusión es que Casillas pasó a ser un capitán blando. Que si el brazo armado de Mourinho, o sea Pepe, llevara la cinta, eso no pasaría. ¿Estamos todos locos?

¿Un jugador del Real Madrid tendría la libertad para decir que Messi es el mejor de la historia o el mejor del mundo en la actualidad, sin recibir represalias? “No”, responde Enrique Marín, de Vóz Populi, periodista que cubrió el Real Madrid para Marca y As. “La comunicación en el Madrid está muy condicionada. Se controla mucho. Cosas de Mourinho. Era su objetivo para hacer una coraza. Conmigo o contra mí. Lo ha creado y fomentado”. Una suerte de brigada madridista que no admite blandos. Y Casillas, dentro de esta lógica, lo es. Como amplía Marín: “Tanto Pelé, Cristiano o Mourinho defienden su causa, pero es una causa perdida. Le evidencia es que Messi es hoy por hoy el número 1. No se le puede comparar con Cristiano. No admiten comparación y de hecho los neutrales así lo dicen”.

El papelón de la Supercopa de España del año pasado grafica el nivel de impaciencia que le genera Messi a Mourinho. Durante esos partidos le gritó e hizo gestos de mal olor cuando le pasó cerca. Mourinho disfruta de las cámaras. Y se desespera al ver que Leo no entra en su juego. Con palabras y con gestos, lo provocó con el Chelsea, con el Inter y con el Real Madrid. Y nada. 

El de la Supercopa fue el partido que terminó con el piquete de ojo a Tito Vilanova, por entonces ayudante de Guardiola. Para dejar de ser Mou y convertirse en Moe le falta nada más que el flequillo. Y quizás, una escalera, algunos tarros de pintura y un serrucho. Con eso, algo inventará. Mientras tanto, nos sigue divirtiendo, cada vez que busca la forma de desprestigiar a Messi o negar la supremacía del Barcelona en los últimos años. “En mi país nadie puede hablar de hegemonía cuando no ha ganado dos Champions seguidas. Ese es el sentido que tiene la palabra en portugués, quizás acá es distinto”. Los 14 títulos del Barcelona de Guardiola, las dos Champions ganadas (más otras dos semifinales), los dos Mundiales de clubes, para el portugués no son suficientes. Pero para otras cosas, sí sabe ser mucho más concluyente.

Asegura que su Real Madrid fue el mejor equipo de Europa. No ganó la Champions, ni siquiera llegó a la final. Pero se quedó con la Liga, “el campeonato más difícil”. Cosas de Mourinho, como decir que “Messi también falló un penalti” cuando le preguntan por el que desperdició Ronaldo en la serie contra el Bayern Munich. Ponzoñoso como de costumbre, siempre habrá tiempo para un gag más. 

“Ya no soy The Special One, ahora van a tener que llamarme The Only One”, dijo hace poco. Del especial pasó a ser el único. “Guste o no, soy el único entrenador que ha ganado en las tres ligas más importantes, Italia, España e Inglaterra”. 

Mezcla de envidia, autoexigencia y conveniencia, Cristiano, Pelé y Mourinho se convirtieron en los tres chiflados que niegan a Messi. Tres genios que protagonizan historias de enredos, desenfreno, impaciencia y humillación. Un éxito seguro y carcajadas garantizadas. En este siglo y, seguramente, en el que viene también. Como Curly, Larry y Moe.


Por Martín Mazur. Fotos: AFP. Ilustración: Fernando Delmonte